Aldana Belén Espanto. Music Non Stop

02/02/2013 – 23/02/2013
Curaduría: Agustín Jais.

En “Music Non Stop”, músicos de Buenos Aires se desnudan en un blanco y negro preciosista. En un entorno igualmente desnudo, jóvenes tatuados rasguean cuerdas invisibles, cantan al vacío, golpean la sombra de un platillo. Al lado, en la fotografía que completa cada díptico, el instrumento que ha sido removido, impávido o con la evidencia de su energía potencial.
La serie preciosista que surge como homenaje a la música y a la fotografía expone la intimidad de una decena de hombres: la intimidad explícita de los cuerpos, la de las horas de estudio que hacen crecer la imagen de sí mismos frente a la cámara. Pero esa envolvente íntima del desnudo es quebrada con estrategias precisas de distanciamiento. Como el quiebre que produce el díptico, al introducir en los retratos la posibilidad de la narración. [Como si la fotografía misma, su silenciador, quitara los instrumentos de la escena. Como si, así, quedaran solo cuerpos. Como si esos cuerpos conservaran la inercia del sonido.]
Si, como dice Paula Baró, “cada obra tiene su novia”, el ensayo de Aldana y el Club Cultural Matienzo arrastran su compromiso desde los orígenes del proyecto fotográfico, en tanto muchos de los músicos retratados trabajan como bartenders, cocineros y programadores en el Club, y otros tuvieron allí su escenario. La exposición de sus desnudos explícitos en su ámbito laboral y vincular otorga una dimensión que podemos llamar performática, al poner a modelos y espectadores en estados de intimidad, pudor y exhibición.
Aldana exhibe además, en la planta baja, collages fotográficos de gran formato. La herencia de David Hockney es patente en estas obras que saltan a la vista por su sentido agudo de de la composición y el color. Sin embargo, su magnetismo parece recaer en lo que la impronta manual, cuidadosa y distendida a la vez, evidencia. Aldana reconstruye momentos cotidianos, hogareños, de vínculos y miradas y amores, con decenas de tomas distintas que sin embargo forman un todo conciso y para nada abstracto. Es que el objetivo no parece ser la descomposición cubista del espacio. Por detrás del formalismo, se adivina en la costura trabajosa de estos collages el rito. El ida y vuelta de fotos, la performance para cero espectadores. Se trata de convertir momentos cotidianos en espacios y tiempos “obrados”. Hacer que el tiempo pase despacio. “¿Y si hacemos esto en vez de nada?”. Es eso lo que se llama un tiempo sagrado: un grupo de personas toman un momento, lo separan de lo común y lo cultivan hasta que trasciende. Lo que la acción creadora deja, el objeto, conserva la música de los tiempos que cuentan. Los amantes comparten ahora ya no un retrato que pruebe su unión, sino la huella de un tiempo que la fotografía misma hizo valioso.
En ambas series es evidente el interés de la artista por las cualidades y la historia específica del medio fotográfico. De la calidad exquisita del fine print en “Music Non Stop” al trabajo pulido sobre la perspectiva y la composición de los collages; de las referencias a la “liga Avedon de retratistas” con sus sinfines blancos y su iluminación impecable al “tecnicismo amateur” de las instantáneas a lo Hockney. Aldana B. Espanto encara su trabajo con respecto a la tradición de sus instrumentos; sin embargo, no existe aquí la fotografía pura, el puro exhibicionismo del auteur, sino un tiempo y un espacio trabajados. El fuera de campo es la acción aglutinadora de Aldana, la transformación obrada por la fotografía sobre los espacios sociales: la que reúne a los músicos frente a la cámara, y luego los invita a tocar en la inauguración para reunirlos alrededor de sus fotos. La que convierte un espacio de intimidad y amor en un entramado de fotografías para envolver con ellas el espacio de trabajo del retratado. Y así, obrar con la fotografía sobre los cuerpos de todos: contagiar el entusiasmo creador, con guantes de algodón.