BESTIA. 6 artistas de Chile

17/11/2012 – 24/11/2012
Artistas: José Badía, Adolfo Bimer, José Calman, Pablo Concha, Gonzalo Laguna y Camilo Silva.
Curaduría: Camilo Silva con Agustín Jais, Julia Filippone, Camilo Silva y Luz Peuscovich.
PH: Julia Filippone

BESTIA presenta el trabajo de artistas que encaran la pregunta por la identidad a través de pinturas, esculturas, instalaciones y videos. Para estos jóvenes creadores, la condición del artista es de sometimiento ante algo ajeno y misterioso que impacta en ellos y los transforma. El arte da muerte al yo anterior, que muta así en bestia-artista: un estado de posesión que da lugar a figuraciones desfiguradas, personalidades ambiguas, reacciones químicas descontroladas, híbridos tragicómicos, adultos infantes y otras patologías de la personalidad creadora.

Si figurar es dar identidad, todos estos artistas eligen desfigurar para luego recombinar los elementos con furor libertario. Desde el retrato, Adolfo Bimer (1985) propone paralelismos entre los mecanismos corporales y anatómicos y las reacciones materiales e interacciones químicas entre diversos tipos de pinturas; en tanto, José Badía aborda la deformidad en el rostro humano con referentes como anomalías anatómicas, secuelas de accidentes, transplantes. Aquí, la identidad es transmutada por la pintura misma, es decir, por el gesto artístico.

La misma ambigüedad enardecida se hace notoria en los dibujos caricaturescos de Gonzalo Laguna así como en las las esculturas y dibujos de José Calman, caracterizados ambos por lo híbrido y lo surreal. O en el proceso de fusión entre elementos orgánicos y formas provenientes del desecho industrial, combinación que da origen a las esculturas de Pablo Concha. Camilo Silva accede a un proceso similar de rescate y resignificación en su trabajo plástico y performático, en el que encarna en su cuerpo al yo violentado.

*

– Cuando te hacés artista, te hacés bestia. Es una situación enajenada. Digo mutación
porque es como una enfermedad, el arte. Te perjudica. Te hace ver las cosas de una
manera y no de otra. Ésa es la restricción: no poder dejar de ver en un cordel la espina
dorsal de un animal.
– ¿Y eso te diferencia? Cada uno tiene su cosmovisión.
– Además el arte no me eligió a mí, yo quise ser artista.
– Un ímpetu.
– Un impulso.
– El gesto escultórico es lo importante, más que un objeto recorrible y acabado.
– Están en mutación, entonces.
– Están en el origen de esas diferencias. O antes. Por eso todas las obras se unen entre sí.
– Una pandilla de bestias. ¡Bastante ecléctica!
– Eso, un bestiario. Por eso tanto retrato. Son los personajes de una fábula deforme.
– A mí siempre me gustaron más los escritores que los artistas plásticos.
– Para esta muestra tratamos de formar sistema, una cierta lógica.
– Bueno, todos tienen trabajos distintos: álbumes familiares intervenidos, por ejemplo.
– Sí, esto es más literal, más línea, más bestia. Pero es la misma operación sobre otro
material. Así es como yo haría mi álbum familiar!
– Por eso, que no seamos nosotros las bestias no signica…
– …Ni los bichos raros…
– …Ni los hijos pródigos!
– …no signica que no valoremos algo de esa bestialidad.
– Nos seduce el desecho, encontrar algo que te sirve en cualquier lado. No me interesan
los materiales nobles, los que usa el arte de alcurnia.
– Más do it yourself?
– Un choque entre materiales precarios y gestos grandilocuentes.
– Esa intención de grandilocuencia puede hacer grande a cualquier cosa, hasta un
cuchillo y una piedra o cualquier forma precaria.
– El ego de artista!
– Sí, pero también la libertad de despersonalizarse y crear con otros.
– Un impulso por gurar, tan violento que rompe los límites de la forma?
– Sí, yo creo que los seis plasmamos ese sentido de mutación. La obra recoge ese ánimo.
– Como si todavía les pudieran seguir pasando cosas. Derretirse más.

TXT: Julia Filippone, Agustín Jais y Luz Peuscovich