Clarín :: Arte y fiesta, todo junto: el modo joven de la cultura

Arte y fiesta, todo junto: el modo joven de la cultura
Al margen de los espacios oficiales, grupos independientes sostienen una intensa actividad, donde las disciplinas se cruzan.

Daniela Pasik para Clarin, 30/12/2016

El calor borronea el aire y aunque ya haya comenzado la noche, el eco del sol todavía rebota entre el piso y las paredes. La terraza no alcanza para respirar. Sin embargo, la charla del bar tapa la música de fondo. Un grupo festeja un cumpleaños, hay amigos que se reencuentran, dos mujeres trabajan en sus laptops, un chico pasea con su casco de bici colgando de la mochila y una potencial pareja está en su primera cita. Fuman a medias un cigarrillo de tabaco armado mientras intentan no parecer nerviosos. Por momentos lo logran.

Todavía es temprano, pero en un rato la casa entera va a ser como un hormiguero en acción. La excusa es la despedida del año de Matienschön, que es el área de artes visuales del Club Cultural Matienzo. Como siempre, no se cobra entrada al lugar, pero hoy tampoco a las actividades. Además, invitan latas de cerveza para brindar. El evento propone desde muestras de artistas de Rosario, Mar del Plata y Nueva York hasta dos recitales que van a coronar la velada y proyección de audiovisuales. Mientras la gente comienza a deambular, alegre y despreocupada, la potencial pareja comparte un plato de fideos con tuco y algunas risas.

El Club Cultural Matienzo existe desde 2008 y es, además de un espacio productor de contenidos, un proyecto independiente de arte, cultura y sociedad. Funciona como una mafia positiva que va de la mano con la autogestión. “Es una especie de red de familias conectadas todo el tiempo, que trabajan juntas, pero en sí cada una tiene su autonomía”, explica Agustín Jais (1985), uno de los socios fundadores.

Hay, entre otras cosas, una radio, una sala auditorio en donde suceden obras de teatro, recitales o presentaciones de libros, un área de artes visuales, cursos, un bar y proyectos que unen esta colmena, con sus compartimientos individuales conectados para hacer el todo. El resultado es una casona de 1.000 metros cuadrados en Villa Crespo con patio, terraza y espacios múltiples distribuidos en varios pisos. Es un mundo amable de chicos que saben lo que hacen, y lo hacen en sus términos. Tan autogestivos como profesionales. “No buscamos entrar en el mercado si como mercado se entiende trabajar como ya se trabaja. Queremos otra cosa, desarrollar una nueva forma que tiene que ver con lo colaborativo, para hacer cultura y acercar experiencias independientes a la ciudad”, dice Jais.

La muestra multimedia de Matienschön, con su cruza de públicos y la felicidad distendida a pesar del clima (el concreto y el simbólico), es el último ejemplo. “Cada vez hay más espacios de cultura emergente que están saliendo a la luz”, dice Sasha Minovich, colaborador del área de artes visuales y curador de la instalación s/t, de Lucas Joaquín Arias, que en una de las salas en el evento testimonia un amor pasado, con lo que quedó de él: cartas, una caja de galletitas, fotos, un pantalón.

“Lo que hacemos es buscar una forma de que la ciudad siga siendo un lugar en el que se pueda hacer y consumir distintas artes. Nos interesa que exista una economía de la cultura, sobre todo en este año que fue tan difícil para la producción. Las regulaciones gubernamentales en la ciudad dificultan la acción independiente”, explica Jail.

Desde el colectivo La Nave de los Sueños, que lleva ya 21 años de trabajo en la gestión y difusión de cine nacional al margen de los circuitos comerciales, hasta el más nuevo, La Coop, un grupo de editoriales independientes que desarrollan acciones en conjunto para ganar visibilidad y que acaba de inaugurar una librería en Almagro, pasando por el Espacio Enjambre, que ofrece talleres, charlas, muestras, encuentros y performances, hay una tangible cultura de red en acción. Cerca del Abasto está El Emergente Bar, en San Telmo La Libre Arte y Libros, en Villa Crespo Casa Brandon y muchos más diversos etcéteras de los que se puede ser parte, como público o creador.

De hecho, varios de estos lugares forman parte de MECA (Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos), una organización social, cultural y política que desde 2010 trabajó en la redacción y sanción de la Ley de Centros Culturales que terminó de ser aprobada en 2015 en la Legislatura, pero que todavía no se implementa. Por eso, la autogestión porteña aprendió que la revolución es el trabajo comunitario.

La velada en Matienzo está en plena ebullición. Se acerca la medianoche y contra la desidia generalizada hay una fiesta cultural un día de semana. Están los que vinieron a ver a Eva Shin, una artista visual que también hace música, moda y performance y que trajo su proyecto AMHO, un show que podría suceder en Nueva York o en la Berlín más vanguardista. Ese público musical también paseó por las muestras plásticas. Hay gente en el patio, en sillones que se multiplican en los entrepisos, por todos lados.

Las latitas de cerveza de regalo ya están vacías y son esqueletos acumulados en las mesas y las barras. Los que sólo fueron a tomar algo se llevaron de bonus toda esta experiencia. Como la potencial pareja, que ya había encontrado complicidad frente a los cuadros pop-up de las pintoras neoyorkinas Yevgeniya Baras y Avital Burg y se dieron el primer beso al final de la noche, cuando tocó la banda rosarina Guo Cheng.

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