Coco: es tu problema, no el mío

COCO llegó a la sala de Matienschön y en una fugaz y feroz intervención de 4 días dejó al descubierto su catarsis de improvisación.

De COCO se dijeron muchas cosas. Es ese círculo minúsculo de amigas, conocidos, amigos de conocidas, novias de amigos, además de masoquistas intelectuales y limados de todo tipo. “No entiendo lo que hacen los de coco”, “un coco vino y tapó mi dibujo”, “un coco le tachó el dibujo a otro coco”, “coco rompió todo”, “coco is my dog, fuck coco”, “coco es una secta”, “¿quién es coco?”, “¡Coco o yo!”.? Coco nunca fue un destino pero coquetea con el futuro todo el tiempo; se disfraza de eterno, como un fantasma al que creíamos ver de reojo. Es el niño mas viejo del Jardín, y está cansado de toser en el arenero. Coco es el señor que pone la fruta podrida en la canasta, para encontrar la belleza en el moho y apreciar la lenta decadencia de lo que entendíamos por bello. Colectivo, porque nadie podría hacerse cargo de lo que ahí sucede, como una manada de machos alfa sin dientes. Devoramos la presa mientras nos corren sus crías. Entendiendo el caos como una caricia en el pelo, cuando la cordura descansa.

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