El otro castillo

24/03/2012 – 20/04/2012
El otro castillo. Videojuegos experimentales de Agustín Pérez Fernández, Alejandro Iglesias, Daniel Benmergui, Martín González y Martín Wain
Curaduría: Agustin Jais, Manuela Trujillo, Martina Amiras.

“El Otro Castillo” presenta 8 videojuegos experimentales de AAgustín Pérez Fernández, Alejandro Iglesias, Daniel Benmergui, Martín González y Martín Wain. Se trata de un panorama de lo más avanzado en videojuegos experimentales nacionales, con obras premiadas en los eventos y premios más reconocidos internacionalmente en el universo de los juegos independientes.

Los 8 videojuegos exhibidos plantean un desplazamiento de las nociones establecidas de arte electrónico, videojuego, e incluso la de arte contemporáneo. Pocas veces el arte de hoy se abre a una expresión tan desprejuiciada de sensibilidades como en El Otro Castillo. Inés Katzenstein escribe acerca de la obra de Adrián Villar Rojas: “La obra conmovía al espectador de una manera dramática que por lo general inspira sospechas en las artes visuales (…) El arte busca expresión pero no necesariamente empatía sentimental (…) Incluso hoy, (…) la expresividad del arte sigue apuntando a una sutileza máxima”. Afortunadamente, quienes señalan a los sospechosos del arte no saben programar videojuegos. Y los cinco artistas que crecieron persiguiendo princesas por castillos vacíos, o combatiendo a piratas para rescatarlas, no tienen pruritos en desbordar de emoción.

Así, entonces, “I Wish I Were The Moon”, de Daniel Benmergui, donde el usuario debe descubrir finales posibles para la escena que se le presenta: una pareja a la deriva en el mar, presos de destinos tan románticos como trágicos; o “Routine”, de Martín Wain, donde el jugador debe “salir a buscarse”, arrojado desde su habitación al espacio, amenazado por amores, posesiones y la propia mente, distracciones para el espíritu. O “El Beso”, que plantea bailar para recordar, en una pista abstracta dominada por una música lírica que inunda toda la sala de exposición. “A little life”, de Alejandro Iglesias, se acerca al mismo planteo a través de la enorme empatía que genera en el usuario ponerse en el papel de un pequeño pájaro, que debe pasar por distintas etapas (nacer, volar, alimentarse…) representadas de manera cómica y a la vez sensibilísima, con un mínimo de elementos.

Pero los juegos de “El otro castillo” responden a diversas líneas de experimentación. Hay juegos que esbozan nuevas maneras de vincular a usuarios con las obras, a partir de convergencias digitales y materiales, como la obra de Martín González que se juega con anteojos 3D modificados, de manera tal que cada player ve en la misma pantalla un universo distinto al que ve el otro.

O juegos que se acercan al videoarte conceptual para reflexionar sobre las propias prácticas gamers y el status de la tecnología, como “Consequences”, creado por Agustín Pérez Fernández especialmente para esta exposición, inspirado en su fecha de inauguración -el 24 de marzo-. En esta obra, una alegoría de los videojuegos que inspiró las respuestas más shockeantes, el usuario puede, mediante una pistola Wii, dispararle a siluetas indefensas, para luego ser acusado de “esclavo del sistema que solo sirve para reprimir”. El juego termina sólo cuando el usuario acepta la instigación a “suicidarse”.

En el reducido espacio de la muestra conviven obras creadas bajo paradigmas bien distintos. “Routine” es tecnología urgente, programado en un arranque de emoción. En tanto, “Storyteller”, de Daniel Benmergui, uno de los hitos de la exposición, es un trabajo complejísimo, que se vincula con el lenguaje de la historieta, la dramaturgia y la poesía. “Storyteller” es el último ganador del “International Games Festival” (una especie de Sundance de los videojuegos) en la categoría que premia la innovación, reconocimiento fundamental para el circuito.

Es claro que en todos los casos, el arcade y los juegos para redes sociales quedan a 20.000 líneas de código submarino.

Por eso, la propuesta curatorial (a cargo de Agustín Jais, Manuela Trujillo y Martina Amiras) trabaja a partir de la potencia de cada juego, y desde allí construir un ambiente con una fuerte impronta artesanal, donde interactuar empáticamente con cada obra. Con LEDs, conectores y bloques de cemento se esboza una “noche digital”, un clima que sugiere haber sido arrojados a ese espacio náufrago entre un castillo y otro. Entre la seguridad del castillo de lo conocido y lo obvio, y la utopía del castillo de los amores correspondido: la noche, la experimentación, el otro castillo.

La exposición -que inauguró con un festival que contó con RandomSelect y RRayen, músicos que trabajan con viejas consolas de videojuegos modificadas, así como con el DJ Tomy Wahl y el VJ Tony Rhonda- es hasta ahora una de las mejor recibidas por el público. Más de mil personas visitaron la exposición, que suscitó experiencias poco comunes en espacios de arte: torneos, gritos, exaltaciones, y completa fascinación.