Jejo Herrero: Se deja ver

20/08/2017 – 03/09/2017
Curaduría: Agustín Jais

Lo que me gusta de las fotos de Jejo es Jejo sacando fotos. Un tipo que se pasó despierto diez mil noches, haciendo de las noches especiales de los demás su cotidiano, y que todavía tiene ganas de ver algo interesante ahí. Quiero decir, a veces no tiene ganas, pero cuando saca la cámara entonces sí hay algo que descubrir entre la masa somnolienta. Entonces debe ser culpa de la cámara: hacer fotos es la consciencia de un mundo real y significativo. Algo que importa. También una idea de verdad: eso, algo se muestra y es verdad. Verdad que los queremos, que se quieren, que se divierten. Una foto que dice que nos importa, que es verdad que es lindo, que parece igual pero es distinto, que es una noche más pero es distinta, porque esta vez nos alejamos más rápido y la ruta está más oscura, porque cada año no sabemos si el año que viene nos vamos a volver a ir ni qué tan buena va a estar la bici, porque de donde hoy sale la música mañana hay un bruto edificio y todos estamos en otro lado y seguimos yéndonos a dormir cuando ya es de día, escuchando música y mirando con cariño al que está en la consola y en la barra y hasta en la casa de al lado tratando de dormir. Hacer fotos es hacer algo con el tiempo: lo hace immutable, pero primero y sobre todo, hace que valga la pena quedarse despierto.
– Agustín Jais

En la oscuridad, la cámara requiere de un mayor tiempo de exposición a la luz. Por eso, tomar fotos en la oscuridad exige una mayor quietud. Para lograr una imagen nítida, el fotógrafo tiene que mantenerse quieto más tiempo. Algo dice el budismo sobre eso, cómo al detener por un instante el flujo del tiempo podemos vernos y entender dónde estamos, cómo es la realidad a nuestro alrededor. Yo no soy budista, y tengo mil hormigas en el culo. Pero creo que estas fotos, de entre las miles que saqué de noche, se transformaron en objetos reales y palpables porque tanto la situación frente a mí como yo coincidimos en un instante de quietud. Eso, un momento que se detuvo justo cuando yo me detenía a observarlo.
– Jejo Herrero