La divina proporción :: K.A.K, el colectivo teatral belga

Rocío Villar para La Divina Proporción, 26/01/2018
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Cada vez que en Buenos Aires se presenta algún grupo o compañía teatral internacional trato de ir a verlo. Fundamentalmente porque las posibilidades de viajar y ver obras en su país de origen me son escasas, entonces aprovecho cada oportunidad en la que juego de local; y por otro lado, porque creo que la experiencia teatral al mismo tiempo que se expande y trasciende fronteras tiene algo de territorial también, una marca, un guiño, algo muy ligado a su contexto de producción que le otorga esa particularidad y de la cual una como espectadora-crítica aprende mucho.

La participación del colectivo belga K.A.K. (Koekelbergse Alliantie van Knutselaars) en Buenos Aires es la segunda de tres Residencias Internacionales coordinadas por Matienschön, área de arte contemporáneo del Club Cultura Matienzo, la primera fue la del dúo Jamboy, de Dinamarca, que trabajó durante un mes con vendedores ambulantes del barrio de Once, y la próxima será la del artista visual mexicano Plinio Villagrán Galindo.

K.A.K. es un grupo de 16 artistas que trabajan en conjunto desde el 2012, construyendo sus obras de manera específica para cada proyecto, en una actividad interdisciplinara que tiene por objetivo desarrollar su trabajo creativo y adaptarlo a diferentes espacios.

La primera propuesta que presentaron en Buenos Aires fue Safari, performance que se tuvo lugar 28 de diciembre en el espacio de arte G104, en Almagro, y la segunda El penúltimo humano, exhibida el 16 de enero en el Club Matienzo. Ambas encaran una búsqueda a partir de una experiencia de extrañamiento, es decir, volver extraño lo cotidiano, colocarlo en otro lugar, examinarlo como si fuera un objeto de estudio. De éste modo le otorgan al espectador el carácter de observador, de quien se dirige a lo desconocido mientras es guiado por los actores, permitiéndole entrar en un juego participativo en el cual dejarse llevar por las sorpresas es de lo más agradable.

Safari, es la invitación a participar de un verdadero safari animal/humano. La performance se desarrolló en el espacio G104, un gran galpón en el cual primero el espectador ingresa a una sala de espera sin saber muy bien qué le deparará. Hay un juego muy interesante en la propuesta que tiene que ver con la espera y la sorpresa, dejarse guiar por extraños a través de un espacio poco convencional. En este punto debo aclarar que no cualquier espectador está dispuesto a hacerlo, requiere de cierta entrega y acto de confianza que si no se tiene, la situación podrá resultarle un poco molesta e incómoda. Ahora bien, si uno está dispuesto a entrar en el juego y aceptar sus reglas la satisfacción está garantizada.

En esta sala de espera las normas de cualquier tour o visita guiada organizan a los espectadores, es así como se le pide que complete un formulario para dar su conformidad a la participación en el safari, se lo divide por grupos para cada ingreso y se le coloca una cinta distintiva para poder organizar mejor el ingreso. Todo esto sucede en un espacio ambientado teatralmente, es decir, que manifiestamente muestra la ficción teatral: un bar en el cual se ofrecen manjares, siempre y cuando uno pueda imaginarlos, porque lo que existe en realidad son pedazos de polenta apelmazada, una cámara para sacarse fotos armada con pedazos de cartón y un espejo, o diferentes souvenirs que son postales de animales salvajes. Lo único de todo ésto real es la cerveza que puede comprarse mientras uno espera y que, claro está, predispone a distenderse y disfrutar del juego propuesto.

Luego, una guía indicará que es nuestro turno de entrar al safari, deberemos subir unas escaleras, pasar detrás de unas telas y seguir, casi en la oscuridad, hacia un auto en el cual la conductora nos espera para iniciar el recorrido. Subir al auto de una desconocida junto a 4 extraños para comenzar a andar por dentro de un galpón, casi en penumbras, es una experiencia sumamente exitante que no hace más que poner alerta tus sentidos dejándote expectante a cada momento a sobre lo que va a ocurrir.

El penúltimo humano se desarrolla dentro del espacio del Club Matienzo. Con un inicio similar al anterior, debemos llenar un formulario antes de ingresar al recorrido, la propuesta plantea una suerte de museo etnográfico en el cual en cada sala se muestras diferentes aspectos del ser humano: su comida, la forma en que se relaciona con otros, el sexo, la religión, la enfermedad, sus secreciones, ect. Todas las salas están acompañadas de uno o varios textos alusivos, mientras los actores y actrices desnudos se muestran en diferentes situaciones.

El trabajo del grupo K.A.K pone en primer lugar el cuerpo humano, en ambas obras sus integrantes se hallan desnudos, pero ésta desnudez no reclama una mirada erótica sino que habría que pensarlos más cerca de la concepción del desnudo en Pasolini, es decir, un cuerpo que muestra su verdad natural, un cuerpo despojado de ropas porque no necesita ocultarse ni avergonzarse de sí mismo. Un cuerpo que vive y se presenta haciendo, pero que no está sujeto a la mirada del otro, por eso no se lo puede poseer. Ahí radica la extrañeza de lo conocido, ese giro que coloca al espectador en el lugar de estar viendo algo por primera vez pero que sin embargo ya había visto muchas veces.

Otro de los grandes aciertos de sus propuestas están ligados al trabajo espacial, la manera en que aprovechan el espacio, un galpón o un centro cultural, cómo lo integran a la performance y logran guiar el recorrido del espectador de una manera fluida y por momentos narrativa. Sin lugar a dudas, acercarse a sus trabajos es la posibilidad de transitar por una experiencia singular y lúdica muy interesante.

K.A.K. son: Annelore Crollet, Aurelie Di Marino, Benjamin Opdebeeck, Dries Gijsels, Esther Gouarnee, Femke Stallaert, Frederika Del Nero, Lotte Diependaele, Nathalie Goossens, Nicolas Delalieux, Nikolas Lestaeghe, Nona Buhrs, Pieterjan Volckaert, Reneee Goethijn, Karlien Torfs y Yuni Mahieu.