Pablo Boffelli: ¡Esa idea no se sostiene!

11/11/2011 – 10/12/2011
Curadores: Luz Peuscovich, Camille Cousin y Agustín Jais

1. Actividad extracurricular

El rosarino Pablo Boffelli estudió arquitectura. La primera imagen de perfil que tuvo en su Facebook era de un tipito comiéndose un edificio al plato. En nuestro primer encuentro, nos dijo “yo sólo dibujo para no sentir que trabajo todo el día”.

El mundo de la gravedad, la física y los edificios que no tienen que caerse puede ser bastante frustrante, por aburrido. La transgresión aparece entonces como un primer impulso libertario. Se trata de dibujar lo que se te canta, pero más bien, de desmentir que las cosas son como son, o que deban ser de alguna manera.

Lo que pasa es que en el caso de Feli, más que impulso hay que decir compulsión: tres webs actualizadas todo el tiempo, miles de dibujos, cuadernos, fotos, cosas. Y esa misma compulsión le permite explorar cada situación que cause gracia y de paso dispare la fantasía.

A la larga, esos experimentos arbitrarios decantan: “un montón de cosas juntas con las que uno se identifica”. Algunas torsiones, descomposiciones y demás obsesiones terminan por ser familiares, conformar un espacio propio.

El riesgo, en todo caso, es que ese daltonismo (ver en cada pared blanca un espectro de color, que te rechacen un encargo por ser “demasiado psicodélico”) se haga crónico, perder eso que hay que transgredir.

2. Arquitectrucha

Pero Feli no sale a otro mundo. La psicodelia no es una caminata lunar, es proponer que el piso esté lleno de cráteres.

Su primera propuesta para esta exposición fue hacer una instalación que lleve al espacio uno de sus dibujos, “porque dibujo cosas porque no las puedo hacer de verdad; si pudiera, las haría”. Lo arquitectónico es que todo dibujo sea boceto, idea en papel de algo que todavía no existe, propuesta a ser construida por el hombre. Todo boceto arquitectónico conlleva un deseo de materializarse.

Cuando se refiere a esos dibujos en los que todo aparece en zigzag o hecho una salchicha fofa, dice que lo que quiere es ondular algo que en principio no pueda hacerlo. No tiene gracia ondular una salchicha.

Transgredir en este caso se vuelve crear. Se trata de perseguir una idea de “composición” entendida como el proceso de transformar o activar un espacio. Hacer una composición es hacer que un espacio se convierta en un espacio “creado”.

3. Pirámides de frutas y verduras

“Cuando me preguntan qué es el arte, siempre respondo algo parecido: los verduleros que acomodan las frutas y verduras espontáneamente. Me parece que es algo así, el tipo que hace algo inconsciente de su acto y el que siente algo al verlo”.

La primera muestra en Buenos Aires de Feli, y única individual del año en Matienschön, es el resultado de un proceso que implicó varios viajes de ida y vuelta, y encarar el proyecto entre cuatro. Partimos de imaginar el espacio de exhibición como extensión de su espacio de trabajo y, por lo tanto, como uno de experimentación. Para Feli, significó poder adueñarse de la sala, habitarla, para llevar a la tridimensionalidad algunas de sus obsesiones y chistes de un solo acto. Y para nosotros, pensar el proyecto mismo de la sala de arte como un espacio diseñado, activo, que proponga siempre que algo te pase.

Texto: Camille Cousin, Agustín Jais y Luz Peuscovich