Pelos de Plumas: Folk

03/08/2012 a 29/08/2012
Curaduría: Lucas Zambrano

“La Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz” – Le Corbusier

La trayectoria de este artista demuestra su sello particular. Itu empezó con un graffiti figurativista de colores opacos, pasando por una etapa de trazos y líneas con una paleta pastel, para finalmente dar síntesis a su formación como pintor y estudiante de arquitectura en un formato que liga colores, proporciones y profundidad de campo, como juego donde un trazo se forma en la fuga entre paredes y su geometría se completa en planos.

Itu (aka Pelos de Pluma) plantea, como moneda corriente en su camino, un nuevo desafío de experimentación. Un paseo, una conversación entre el arte digital y el graffiti.

Itu nace en Neuquén, donde permanece hasta los 17 años en el alto valle, momento en el que decide trasladarse a Buenos Aires a estudiar arquitectura. Bajo el nombre de Pelos de Pluma, inicia su trayectoria dentro del arte callejero y el taller de Gustavo Lichinchi en el Centro Cultural Tato Bores.

El sello: el cambio constante, la búsqueda. Extrapolar límites, lo conocido. Desafiar el aburrimiento y la inercia de algo que “ya sale bien”, con una premeditada intención de suprimir voluptuosidades, reduciendo colores y minimizando formas. “Menos es más”: simplicidad que responde a propósitos visuales y funciones múltiples.

Folk es, nuevamente, otra salida por la tangente. Es el uso de una técnica (digital) conjugada con un movimiento actual (graffiti), y esto enmarcado en una proporción, dentro de otra proporción, dentro de otra. Es la versión graffitera del Modulor lecourbusiano. Folk retoma la noción de permanencia de las dinámicas culturales y su mutabilidad a través del tiempo. Un color que cambia su luminosidad, saturación, una forma que cambia de color a lo largo de un tiempo, en un espacio delimitado. Un graffiti devuelto a la proporción áurea. La permanencia, incluso en movimiento, de la estética (folklore), se hunde en nuevas técnicas y en nuevos medios para reformularse en un estado “áureo” y minimalista.

“Nuestra mente es el útero del porvenir”, dice Ivolucian, y tiene razón. Es donde todo se transforma, donde comienza nuestro camino y motoriza todo, y con ello cada instante y cada partícula de la cultura y el inconsciente colectivo de una sociedad. En ese romance que tenemos con la creatividad, y en ese sumergirse como espectador, como productores de realidad, constructores colectivos y de colectividad.

TXT: Lucas Zambrano